Amigos.

No quiero saberte.
Condenó mi historia
clarividente el miedo.
Fuimos casi nuestros
empeñando palabras
impregnadas de nostalgia,
desnudando años,
jugandole al destino
libertades sin salida.
Cuando tu voz espigaba el cielo
buscando el punto exacto
donde el amor se descubre niño,
mi sombra se aferraba
al oleaje de tus manos
desabrochando alas.
Me dejaste ir
antes de asombrarnos...
Pudo haber sido cierto.
Todo consistia
en no rehuir los ojos.
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Benjamin del Castillo -