Madre

Se sorprendieron mis manos
como si deshojara una golondrina
y mi dolor tuvo un mundo
de infancia agotado,
Y se marcharon las lunas
con los quehaceres,
y las rosas de los besos,
y los regazos.
Y estas entrañas mias
que acunaron su canto
tienen dolor de ausencia
desgarrado y solitario,
porque la que ayer fué fuerte
y contenía mi llanto,
la vejez la vuelve niña
y hoy cabe entre mis brazos.
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